En un encuentro, hace ya algún tiempo de esto, un compañero me preguntó por qué estaba enfadado después de haber ganado un encuentro holgadamente realizando las 40 carambolas en 22 entradas. Solo le dije "porque he jugado mal". En otro encuentro que también gané con muchos apuros y con un 0,75 de promedio o por ahí estuve sentando un buen rato en mi silla de jugador relajado y contento por lo bien que había jugado.
El gran jugador y amigo Pepe Martín Salas también suele decir no he jugado bien a pesar de realizar 30 entradas.
¡Que trabajito nos cuesta decir QUE MAL HE JUGADO! o, más trabajito todavía, ¡QUE BIEN HA JUGADO MI RIVAL!.
Independizar correctamente el jugar bien o mal de un promedio y del resultado final de un encuentro es sensato, relacionarlo con el esfuerzo y la disciplina desarrollada en la contienda es aún más sensato. Tan recomendable es el esfuerzo y la disciplina que las hacen armas secretas para que un jugador "inferior" gane a uno "superior".
En el billar no hay suerte, ni buena ni mala, no hay pelitos ni corbatas ni retruques que justifiquen un bajo rendimiento, ni churro o papa que se estimen como actos determinantes de un resultado.
El jugador disciplinado, entrenado e inteligente ha logrado borrar la palabra suerte como factor del billar.
O, lo siento pero sinceramente lo pienso así, la mala suerte solo la tienen los perdedores. Sé que es un aparente buen refugio para consolarse y no deprimirse, pero es a su vez un gravísimo engaño que termina en un estado de inconciencia sobre la realidad.
Para mí frases como: "he realizado mi promedio", "la bolas no me han rodado bien", "el otro juega antibillar" y "no me lo explico como me ha ganado" solo llevan a un error básico que puede terminar siendo crónico si no ha sido solo una reacción inmediata tras la contienda. Sé inteligente, recapacita y destierra estas frases. Ya lo dijo un gran jugador hace mucho tiempo: "EL GANADOR SIEMPRE TIENE RAZÓN".